Alzheimer y amor incondicional

En estos días he vivido en el pasado, en un “constan replay” de cada evento que despierte un recuerdo lejano, una canción, un olor…

Mi abuela, una mujer muy elegante, cubana, con vivencias de muchos colores y diferentes tipos, ella, es esa mujer fuerte que ayudó a mi papa a criarme, que para mí es como una madre y tantos otros roles que ha cumplido y aún cumple, aunque está enferma de la memoria.

Ella, mi Mima, la única Mima que queda en la familia y a pesar de eso nadie la visita, lo bueno es que ella no se acuerda de que todo lo que dió a la familia, se quedó ahí en el recuerdo y en la consciencia de todos. Yo entiendo que el visitar a una persona con Alzheimer puede ser retante, hay que prepararse, inhalar, exhalar venir con el corazón abierto a recibir historias del ayer en repetición continua.

Al día de hoy, con 92 años vive preocupada de si comí, si quiero merendar algo, si estoy bien.

Esta enfermedad es muy triste, te lleva a lugares obscuros, sufrimos mucho los familiares cercanos, con una sonrisa en los labios escuchamos lo mismo cada 10 segundos, ¡inhalo, exhalo! Recuerdo sus cuidados, su amor incondicional, sus manos siempre prestas ayudarnos, a todos.

En estas vacaciones de verano, decidí quedarme en su casa, en casa de mi Mima, en Puerto Rico, para recortarla, atenderle y preguntarle sobre mi linaje, sus padres, abuelos y conocer  más historias de Cubita “La Bella”; ya casi no quedan historias nuevas, que yo no haya escuchado ya, me las sé todas de memoria, esta enfermedad le comenzó cuando yo tenía apenas 16 años más o menos y hoy tengo 38 años, una vida escuchando pacientemente, entendiendo, sufriendo y al final aceptando.

Mi Mima, una mujer luchadora, trabajadora, expulsada de su amada Cuba por no estar en sincronía con la nueva manera que traía Fidel Castro para gobernar, sé un poco de la historia de Fidel por boca de Mima, pero hay una línea muy fina en esta etapa de la enfermedad, entre la verdad y la imaginación.

Ya a los 92 años, ella ha oído tantas historias, noticias, ha vivido tanto…. Que todo ese meollo de información se convierte en una película muy larga donde ella es la artista principal, la más querida por todos, la más respetada, famosa.

Todas las historias están centradas en esa verdad, su verdad, ella cuenta que ha viajado el mundo (en astral, no lo dudo), cuenta de sus anécdotas de joven, muy interesantes sus experiencias de vida, las verdaderas y las que son imaginadas, no importa, las escuchamos con atención una y otra vez; ni por un segundo quiero que sienta mi pesar de que ya he escuchado mil veces lo mismo. Es una prueba muy grande de amor incondicional.

Llevo 12 días en su casa, observando, vibrando, sintiendo; he tenido días grises, oscuros, coraje, miedo, compasión, empatía, de todo un poco. Veo como cada día está más desmejorada, no por falta de cuidados, es que como ella dice: “el calendario no miente”.

En estas vacaciones que aún no sé cuándo ni cómo terminarán, me traje a mis dos hijos de 2 y 3 años, ¡a sus bisnietos! Veo como le han traído alegría, y aunque a veces me pregunta si soy la tía de ellos, sé que en su alma, sabe bien que ese es su legado, su linaje, sangre de su sangre. Hemos tenido retos, le ha ofrecido nalgadas a los niños, han habido besos, abrazos, regaños… Maria Montessori maybe se esta revolcando en la tumba de ver las cosas que he semi-permitido con mis niños para no ofender a los adultos que nos rodean.

Mis hijos la besan y abrazan, saben que esta es nuestra despedida, sabemos que este tiempo es oro, lo aprovecho lo mejor posible, guardando distancia en ocasiones que no me siento muy centrada, pues tengo paciencia pero tengo que reservar un buen monto para mis pequeños también.

Alzheimer, ¡que terrible enfermedad! Mima me cuenta que cuando ella dejo de trabajar, mandó todo al “carajo” y estoy segura que con esa mandá al “carajo”, se fue su memoria también. Mima, crió dos hijos varones y participó en la crianza de sus sobrinas que eran 3 y luego de alguna forma u otra, aportó en la crianza de los hijos de sus sobrinas, en fin, una gran colaboradora. Cuidó de sus padres cuando estaban ancianos y hace 4 años murió su esposo, mi abuelo, Pipo, luego de más de 60 años juntos.

De todas estas ramas que componen su árbol de la vida, su linaje, su familia, son pocos los que la procuran. Como ya sabemos, ella no se acuerda de que ellos no se acuerdan de ella, es triste ver los efectos de Alzheimer en la vida del enfermo y por lo tanto en los familiares también. Este escrito es una dádiva de amor, una verdad que comparto, sé que hay muchas personas pasando por esto.

Amor, tolerancia y luz para todos los pacientes de Alzheimer, sus cuidadores y familiares.

Raisa Espinet Batista

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